Nocturno

La cansina despedida
en la noche de las grimas,
cuando lagrimas caían
indolentes en la tierra;
¿qué había en la muerte serena
que no en la lisonja final?

Y tus ojos perdidos en
el mar de fuego ardiente, en los
lóbregos atardeceres
repletos de curiosos en
las bermas indiferentes,
tumbas de gloria cadente.

Bésame, solamente, en
cada lugar de mi cuerpo
donde tus manos no se hayan
posado ni bebido de
mis néctares ambrosiacos;
bésame esta noche, por fin:

Que tus ojos sean manos
que abran las puertas de mis
sentidos atrofiados en
este cuerpo de hombre fiel, y
déjame sentir tu beso,
final de mi vida, ahora.

~ por Juan Ignacio Gómez Corvalán en 20 Julio 2009.

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